El pasado día 26 de enero se presentó en Madrid el libro “La persona singular”, de Gustavo Morales Alonso y José Francisco Morales Domínguez. En este ensayo, los autores se preguntan qué queda del proyecto vital de una persona cuando la presión del grupo le dicta a qué aspirar, cómo pensar y cómo vivir. Con un lenguaje accesible y apoyándose en numerosos ejemplos de la vida diaria, pero también extraídos de la literatura, los autores caminan senderos del ámbito de la psicología, la economía, la filosofía y la ética. Hoy hablamos con los autores para saber más de este libro.

El título La persona singular suena casi a provocación en una época de identidades colectivas muy marcadas. ¿Qué significa exactamente ser una persona singular hoy, en términos prácticos?

Gustavo: Significa vivir tomando decisiones que uno puede explicar y sostener, aunque no estén dictadas por el grupo. No es ir contra nadie, es no delegar el propio criterio. Una persona singular no se define por etiquetas, sino por las cargas que acepta y por la dirección que elige para su vida.

José Francisco: Pero sabiendo que en esa vida va a tener que cooperar y relacionarse con otros. Lo importante ahí es no dejarse diluir en la masa, sino cooperar con ella buscando su propio camino.

Gustavo: Y la clave es que haciendo eso, realmente no compite con los demás, no es un “esto te lo quito y yo me beneficio”, sino que en ese proceso de cooperación pueden darse beneficios para todos. De hecho el libro lo publica la editorial Publicaciones del Orden Espontáneo, y es que es lo que precisamente acaba pasando, se da un orden espontáneo en el que todos podemos estar mejor. 

En el libro aparece una idea que resulta incómoda para muchos discursos actuales: que la vida mejora cuando cada cual asume una carga elegida, no cuando la evita. ¿Por qué cree que hemos llegado a desconfiar tanto de la responsabilidad personal?

José Francisco:

Porque la responsabilidad es costosa y no tiene garantías. Vivimos en una cultura que promete seguridad a cambio de obediencia y alivio a cambio de delegación. El problema es que, cuando renunciamos a decidir, también renunciamos a crecer.

Gustavo:

De alguna forma parece que nos hemos acostumbrado a que otros decidan por nosotros. Siempre hay un grupo, en el trabajo, en nuestras familias, desde el Estado, que sugiere una dirección, cuando no la impone totalmente. Muchas veces decidimos doblarnos y transigir para “no dar guerra”, “no dar la nota”, en definitiva, no hacernos notar. Y eso es diluirse en el grupo.

Ustedes sostienen que pensar por cuenta propia tiene hoy un coste social. ¿Dónde lo percibe con más claridad en la vida cotidiana?

José Francisco:

En lo pequeño. En conversaciones donde callas para no complicarte la vida, en decisiones profesionales donde seguir la corriente es más fácil que justificar una posición propia. Pensar por cuenta propia no suele castigarse con grandes sanciones, sino con incomodidad cotidiana, y eso pesa mucho.

Gustavo:

Esto lo vimos el día de la presentación del libro, que hicimos en el campus de Madrid de la Universidad Francisco Marroquín. Para presentar el libro realizamos una desconferencia, en la que los asistentes participaban activamente en la discusión. Y ahí vimos que ciertos aspectos son más fáciles de solventar por el individuo, tales como decidir en entornos de incertidumbre. Pero que otros, tales como desarrollarse personal y profesionalmente en grupos de personas cuestan mucho más.

Qué interesante la forma de la presentación. ¿Qué tal resultó?

José Francisco:

Quedamos muy contentos. Los asistentes fueron muy participativos, y discutieron en cuatro mesas con nuestros ponentes, Raúl Pérez, María Magro, Jacobo Martín Cerezo y Matías Celdrán, a los que les agradecemos mucho su participación.

¿Cómo se lidia en el libro con la idea de que el individualismo es aislamiento o egoísmo?

Gustavo:

Insistimos mucho en el texto de que no es así, sino una condición para cooperar mejor. No hay que oponer individuo y convivencia, como si fueran enemigos. Son dos partes de una misma moneda, el individuo en soledad no puede prosperar, pero convivir con otros no tiene necesariamente que suponer renunciar a la individualidad.

José Francisco:

Y es que no hay que confundir cooperación con sumisión. El libro defiende justo lo contrario. Solo coopera de verdad quien tiene algo propio que aportar. Cuando nadie decide por sí mismo, no hay convivencia, hay conformidad.

¿Y cuál sería el papel del Estado, desde el punto de vista de la idea de la persona singular?

José Francisco:

Hay una tesis de fondo que atraviesa el libro: muchas de las cosas que funcionan bien en la sociedad no han sido diseñadas por nadie. Es fascinante lo que nos cuesta tanto aceptar esa idea.

Gustavo:

Pero porque a la gente le tranquiliza pensar que alguien controla el proceso. Pero gran parte de lo que hace habitable una sociedad surge de decisiones dispersas, no de planes centrales. Aceptar eso exige humildad intelectual y confianza en la capacidad de las personas corrientes.

Ustedes son ingeniero y profesor de Economía (Gustavo) y psicólogo y catedrático emérito de Psicología (José Francisco). Entendemos por tanto que La persona singular se mueve entre estos dos ámbitos. ¿Qué pierde cada disciplina cuando analiza al individuo por separado, y qué se gana cuando se las hace dialogar?

Gustavo:

El libro nace de una incomodidad compartida. Yo la veía desde la economía: modelos que hablan de individuos muy racionales o muy mecánicos, pero que se parecen poco a las personas reales.

José Francisco:

Y yo la veía desde la psicología: personas reales que quieren decidir por sí mismas, pero que no siempre saben cómo hacerlo sin perderse o sin romper con los demás. Por eso en el libro lo que se recupera es la persona real. La economía recuerda que decidir implica costes, incentivos y consecuencias. La psicología muestra cómo esas decisiones se viven desde dentro. Separadas, simplifican al individuo. Juntas, lo entienden mejor.

En lugar de ofrecer recetas o manuales, el libro parece más interesado en entrenar el criterio personal. ¿Cree que hoy sabemos cada vez más cosas pero decidimos peor?

José Francisco:

En muchos casos, sí. Tenemos más información, pero menos criterio. El libro no ofrece recetas, propone entrenar la capacidad de decidir sin manual, cuando no hay una respuesta correcta garantizada.

¿Qué tipo de lector cree que va a sentirse más interpelado por el libro: quien ya tiene convicciones firmes o quien siente una incomodidad difusa con los discursos dominantes? ¿Dónde se puede encontrar el libro?

Gustavo:

El libro le habla directamente a quien siente que algo no encaja del todo. En su trabajo, con su familia, en sus interacciones diarias con otras personas. Es transversal, no hace referencia a una ideología concreta. Para todo aquel que haya notado que pensar por cuenta propia se ha vuelto incómodo, y que vivir siguiendo consignas ajenas acaba pasando factura, pensamos que el libro le puede aportar valor. El libro está disponible en formato físico y digital a través de Amazon.